Como puedo curar mi ansiedad

Ansioliticos

En España, y en especial en la costa del sol, conseguir ansiolíticos se ha convertido en un reflejo palpable de una crisis de salud mental más amplia. Una crisis que se extiende más allá de la disponibilidad de medicamentos. Esta situación revela las profundas deficiencias del sistema de salud, especialmente en lo que respecta a la atención y el tratamiento de trastornos de ansiedad.

Desde la primera etapa, que implica la obtención de una cita con el médico de atención primaria, los pacientes ya se encuentran con obstáculos. Las demoras en conseguir una cita pueden ser extensas; a menudo, días o incluso semanas. Un periodo durante el cual los pacientes pueden experimentar múltiples crisis de ansiedad sin acceso a la medicación necesaria. En estos casos, dadas las particularidades, no se puede soportar crisis de ansiedad varios días.

La única alternativa es ir a urgencias, en la que muchas veces te dan un ansiolítico de rescate y, cuando estás mejor, te dan el alta, pero sin receta y, por lo tanto, sin posibilidad de conseguir el ansiolítico. Así, hay personas que acuden varios días consecutivos a urgencias con crisis de ansiedad, en las que sientes que puedes morir. Es una experiencia que no solo le puede ocurrir a una persona, sino que se lo pueden preguntar a un familiar o amigo que conozcan.

Además, existe una discriminación palpable dependiendo de la farmacia y del empleado de farmacia que te toque. Incluso dentro de la misma farmacia, los empleados tienen criterios diferentes. Además, una persona que se presenta con una receta de ansiolíticos, a menudo, enfrenta un trato diferente al de aquellos con recetas para medicamentos más comunes y socialmente aceptados. Como anécdota, a veces hay pacientes con 20 años y esto me ha ocurrido con más de un paciente mío. Que acude a la farmacia por el ansiolítico, resulta que el chaval es joven y va en sudadera, y no hay. Al rato, acude el padre a la misma farmacia y resulta que ahora sí hay, aunque son hechos puntuales que ocurren.

Esta diferencia no solo es injusta, sino que también perpetúa el estigma asociado con los trastornos de ansiedad y su tratamiento. La exigencia de mostrar el DNI (Documento Nacional de Identidad) y el escrutinio adicional que a menudo acompaña esta solicitud añade una capa de indignidad al proceso.

Hablando de hechos puntuales, voy a explicar lo que me ocurrió hace unos meses. Al acudir a una farmacia a comprar Diazepam para una contractura que tenía, todavía era la época que había que usar mascarillas para entrar en las farmacias. Me acerco al mostrador, le presento la receta, me solicita el DNI, lo muestro y me dice la empleada que me quite la mascarilla para verificar que soy la persona de la foto del DNI. Me la quito, ya sin muchas ganas, y llega mi sorpresa cuando me dice, al observar la foto del DNI y mi cara en ese momento, QUE YO NO SOY EL DE LA FOTO.

Un inciso: el carné está renovado hace un año, y todavía no me he arreglado la cara, por ahora… todo se andará.

Pues, ante la reticencia y mis conocidas pocas ganas de entrar en discusiones, le tuve que decir de forma amable que viniese otro compañero a CERTIFICAR que el sujeto que aparecía en la foto era yo.

Este escrutinio se intensifica especialmente para ciertos grupos, como aquellos cuya apariencia no coincide con las expectativas sociales convencionales. A menudo, estos individuos enfrentan prejuicios y discriminación adicionales, incluyendo acusaciones veladas de que su necesidad de ansiolíticos no es legítima.

Esta combinación de retos no solo es humillante, sino que también desalienta activamente a las personas de buscar el tratamiento que necesitan. El miedo a ser juzgado o humillado puede hacer que algunos eviten buscar ayuda, lo que agrava su condición y potencialmente los empuja hacia alternativas peligrosas como el alcohol o drogas ilegales.

Para cambiar esta situación, se necesita una acción concertada. Es vital aumentar la conciencia sobre la importancia de la salud mental y trabajar para eliminar el estigma que rodea a los trastornos de ansiedad y su tratamiento. Los farmacéuticos y el personal de farmacia deben recibir formación específica para manejar estas situaciones con mayor sensibilidad y respeto. Además, es crucial revisar y modificar las políticas que conducen a estas prácticas humillantes, asegurando que la privacidad y la dignidad de los pacientes sean siempre respetadas.

En resumen, conseguir un ansiolítico en España no debería ser una proeza ni un proceso humillante, sino un acto de cuidado de la salud accesible y respetuoso.

Es esencial que los responsables de la formulación de políticas, los profesionales de la salud y la sociedad en su conjunto reconozcan y aborden esta necesidad urgente. Todos los que luchan contra la ansiedad merecen recibir el apoyo y el tratamiento adecuado en un entorno libre de prejuicios y discriminación.

La lucha contra el estigma de la salud mental es fundamental en la mejora del acceso a los tratamientos, y cada paso hacia un enfoque más compasivo y respetuoso es un paso hacia una sociedad más saludable y equitativa.

Aclarar algunas cuestiones que me parecen de interés sobre el miedo a los ansiolíticos o a la dependencia de estos.

Hay una creencia bastante extendida de que los ansiolíticos, esos medicamentos que se usan para tratar la ansiedad, crean una dependencia muy fuerte y que es muy difícil dejar de tomarlos. Pero la realidad es un poco más matizada y menos alarmante. Primero, es importante entender que, como cualquier medicamento, los ansiolíticos tienen indicaciones específicas y deben usarse bajo supervisión médica. Cuando se usan de forma correcta, siguiendo las indicaciones del médico, el riesgo de desarrollar una dependencia se reduce significativamente.

Ahora, sobre la dependencia: sí, algunos ansiolíticos, especialmente las benzodiazepinas (un tipo común de medicamento para la ansiedad), pueden crear cierta dependencia si se usan a largo plazo. Pero aquí entra la importancia de las «pautas adecuadas» que mencionaba. Esto significa tomar la dosis correcta, durante el tiempo indicado, y bajo supervisión médica. Con este enfoque, el riesgo de dependencia se maneja de manera efectiva.

En cuanto a dejar de tomarlos, sí, puede ser un proceso que necesita cuidado, pero no necesariamente es más difícil que dejar otros medicamentos. La clave es la reducción gradual. En vez de dejarlos de golpe, el médico aconsejará ir reduciendo la dosis poco a poco. Esto permite que el cuerpo se ajuste lentamente, evitando los efectos secundarios del retiro brusco.

Comparado con otros medicamentos que también pueden generar dependencia, los ansiolíticos no son necesariamente más difíciles de dejar. Todo depende de cómo se maneje el proceso, siempre con orientación médica.

Entonces, la idea de que los ansiolíticos son altamente adictivos y casi imposibles de dejar es más un mito que una realidad. Con un uso responsable y siguiendo las indicaciones del médico, se pueden usar eficazmente para tratar la ansiedad, sin caer en una dependencia problemática. Es importante quitarle el miedo a la gente sobre estos medicamentos, para que puedan beneficiarse de ellos si los necesitan.

Es importante que los responsables de la formulación de políticas, los profesionales de la salud y la sociedad en su conjunto reconozcan y aborden esta necesidad urgente. Todos los que luchan contra la ansiedad merecen recibir el apoyo y el tratamiento adecuado en un entorno libre de prejuicios y discriminación.

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