Consejos para superar la culpa de llevar a un familiar a una residencia

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¿Por qué me siento un hijo de Pvta y mala persona por llevar a mis padres a una residencia?

Ingresar a un ser querido en una residencia para ancianos es una de las decisiones más difíciles que muchas personas enfrentan a lo largo de sus vidas.

A menudo, este acto lo sentimos como una traición a las promesas hechas en un pasado a nosotros mismos, como eso de “ingresar a mi padre o madre, cónyuge, incluso hijos con discapacidad, se nos hacía parecer malas personas,” unos hijos de p**a” en una residencia se hacía imposible de realizar de acuerdo con nuestros valores.

Quiero hablar de ello porque este hecho se va a repetir cada vez con más frecuencia por el envejecimiento de la población. Muchas patologías se cronifican, alargan nuestra vida, y por otra la situación emocional, laboral y económica de los cuidadores es cada vez más precaria, y era como una metáfora de dejar abandonado ante la muerte al familiar, además hasta éramos críticos hace años con las familias que lo hacían, siempre nos hemos jurado que mi padre o madre jamás acabarían allí sus últimos días donde la visión del futuro no incluía las complicaciones de enfermedades como el Alzheimer o condiciones físicas debilitantes, ni la situación sociolaboral de las familias de hoy.

Esta decisión puede desencadenar un profundo sentimiento de culpa, incluso, cuadro de depresión severo que vemos habitualmente en la práctica clínica; el cuadro aparece de un choque entre el modelo ideal pasado que tenemos interiorizado de generaciones previas de conducta que hemos interiorizado y nuestras acciones reales en el momento actual donde las circunstancias han cambiado completamente, es otra sociedad que nos demanda más tiempo en los trabajos, familias, y también debido al aumento de la longevidad se incrementado cuadro como las demencias, sobre todo enfermedad de Alzheimer que aparece a edades más precoces que hace que sea en muchas ocasiones materialmente imposibles cuidar del familiar en casa, y sobre todo en los últimos estadios de la enfermedad.

Pero, aunque pienses que lo has hecho todo, que en muchas ocasiones te ha costado la salud, y que has acabado extenuado, siempre la culpa con su tortura o duda la tienes volando sobre ti, con preguntas como: “Esa maldita culpa que siempre cargamos con ella y… ¿Estaré haciendo lo mejor? ¿Soy una mala persona por recurrir a una residencia? ¿No le quiero lo suficiente? ¿Estoy haciendo lo adecuado? ¿Lo hago por él/ella o por mí, realmente?”

También cabe añadir que siempre que la persona se encuentre con sus facultades mentales conservadas, estamos en la obligación moral y ética de hacer lo que él decida dentro de las posibilidades económicas y emocionales.

llevar a un familiar a una residencia 3Pero si hablamos de personas muy mayores, con pérdida grave de memoria y autonomía personal, en un primer momento, las familias que pueden tener una capacidad adquisitiva media optan por contratar a una persona interna e incluso 2 personas para que turnen y se hagan cargo de su familiar. Pero tenemos que recalcar que muchas familias no pueden permitirse esto a nivel económico, y más las que tienen pocos hijos.

Otro aspecto a considerar son las razones económicas: es que incluso aunque no haya otro remedio que ingresar a nuestro familiar en una residencia, vivimos en un país cada vez más empobrecido y expoliado; somos los últimos de Europa en casi todos los indicadores económicos y al final eso se traslada a la posibilidad del sistema público.

El esfuerzo económico de una familia, incluso si no es por el sistema público que lleva un retraso enorme en la evolución de los casos de dependencia (2 años), hace que vea cada mes más frecuente casos insostenibles y crueles donde se lleva por delante la salud física y mental de la familia, y muchas veces económicas al tener que renunciar un familiar al trabajo para poder cuidar a su familiar.

En muchas ocasiones no son las limitaciones económicas sino las limitaciones de tiempo de la familia, emocionales y de tener los cuidados específicos que necesita nuestro familiar, que en los casos más complejos solo se encuentran en centros residenciales.

Entender la Fuente de la Culpa

La culpa suele surgir del conflicto interno entre el deseo de cuidar personalmente del familiar y la realidad de sus necesidades, que pueden ser demasiado complejas o intensivas para manejar en casa. La complejidad de las emociones que sienten aquellos que cuidan de un padre o madre envejecidos, especialmente cuando se enfrentan a enfermedades como la demencia, que pueden alterar drásticamente la personalidad y las necesidades del ser querido, haciéndolos dependientes de atención especializada.

Razones Más Frecuentes para Llevar a un Familiar a Una Residencia

Apuntar que dentro de nuestras posibilidades debemos visitar varias residencias y elegir la que más se adapte a las necesidades de nuestros padres, tanto de salud como económicas.

llevar a un familiar a una residencia 2En las residencias, aunque el cariño humano es personal de cada trabajador y eso no está relacionado con el dinero, evidentemente a más medios, y por lo tanto más caras, pues deberían estar dotadas de más personal y mejores cuidados y comidas, aunque hay excepciones como todo en el mundo.

Incluso tenemos que ver el tipo de comida, qué tipo de cuidados reciben y con qué periodicidad, el número de enfermeros y auxiliares por pacientes, la idoneidad del equipo médico. Actividades grupales, lúdicas y de entrenamiento. Como hemos dicho antes, evidentemente una residencia que vale 3000 euros en general puede ofrecer mejores cuidados que una que vale 1800, pero ojo no siempre es así.

«He visto residencias donde me quedaría a vivir; sin embargo, otras son deprimentes.

Personalmente, mi grado de empatía, quizás influenciado por la edad que tengo, es considerable con las personas ingresadas. Me parece crucial ofrecer una alimentación digna que no se limite a un mísero caldo insípido. En este sentido, es importante valorar el peso de nuestro familiar una vez al mes para determinar si la pérdida de peso se debe al proceso patológico que sufre —como suele ocurrir en las demencias— o porque la calidad de la comida deja mucho que desear. O mejor dicho, una bazofia.»

Aunque las causas que llevan a una familia a ingresar a su ser querido en una residencia son a menudo multifactoriales, algunas razones resultan especialmente frecuentes:

  • Demencia: Las necesidades de cuidado especializado que requiere la demencia a menudo hacen necesario el recurso a profesionales capacitados en un entorno controlado.
  • Problemas Sensoriales: La probabilidad de institucionalización aumenta notablemente cuando los ancianos enfrentan problemas sensoriales graves, como la pérdida de audición y la pérdida de vista.
  • Problemas de Movilidad: La limitación para caminar no solo implica un mayor grado de dependencia, sino que también puede aumentar el riesgo de caídas y lesiones, lo que puede llevar a la necesidad de una atención más intensiva.
  • Viudez: La pérdida de la pareja puede ser un evento desencadenante para el ingreso en una residencia, especialmente si el cónyuge fallecido era el principal cuidador.
  • Depresión: Este estado emocional no solo afecta la calidad de vida del anciano, sino que también puede complicar la capacidad de cuidado en el hogar.
  • Otras Razones: La avanzada edad del anciano o del cuidador, así como problemas como la incontinencia, también pueden incrementar las probabilidades de institucionalización.

Características del Proceso de Adaptación

Toda adaptación requiere tiempo, incluso los cambios positivos o los enfrentados por personas más jóvenes. A veces, el ingreso a una residencia sigue a una estancia hospitalaria, donde los médicos determinan que, aunque el paciente ya no necesita atención hospitalaria, sí requiere cuidados sociales adicionales durante su recuperación.

Este tipo de cuidado de respiro ayuda a los ancianos a recuperarse en un entorno controlado antes de volver a la rutina diaria. Al ingresar a un adulto mayor en una residencia, el proceso de adaptación suele desarrollarse en varias fases comunes:

  1. Fase de Ruptura: En esta fase inicial, el anciano puede enfrentar una sensación de pérdida de identidad y experimentar emociones asociadas a la desconexión de su entorno con llanto frecuente, negativismo a comer.
  2. Fase de Duelo: Aquí, la persona acepta que ya no puede valerse por sí misma, lo que conlleva un sentimiento de impotencia.
  3. Fase de Aislamiento Social: Además de enfrentar las limitaciones físicas, el adulto mayor también debe lidiar con la distancia de sus familiares y amigos.

Reconocer la Realidad del Cuidado

Las residencias de ancianos están equipadas para ofrecer el nivel de cuidado que muchas familias no pueden proporcionar. Estos centros cuentan con profesionales capacitados y recursos diseñados específicamente para atender las necesidades médicas, físicas y emocionales de los ancianos.llevar a un familiar a una residencia 1

Circunstancias como la necesidad de supervisión continua o una capacidad mental disminuida, donde una evaluación médica indica que la persona ya no puede tomar decisiones informadas sobre su cuidado, son factores comunes que requieren el traslado a una residencia. Aceptar que la residencia puede ofrecer un mejor cuidado y seguridad para nuestro ser querido puede ayudar a mitigar la culpa, haciendo que la decisión sea más comprensible y racional.

Testimonio de Experiencias Reales

“Entregarlo fue como traicionar a mi madre. Me sentí una traidora total”, “La culpa de dejarlo en la residencia fue devastadora para ella, siempre terminando en lágrimas cada vez que lo dejaba.

Sea lo que sea que hagas, intenta no sentir culpa porque si no sales y vives tu vida, entonces la demencia también te atrapará a ti, y serán dos por el precio de uno. La manera de vencer la demencia es seguir viviendo una vida normal con relaciones normales».

Humanizando la Experiencia: Consejos Prácticos para Manejar la Culpa

  1. Educación y Comprensión: Informarse bien sobre las enfermedades y las necesidades de cuidado de tu ser querido puede ayudarte a entender por qué una residencia es la mejor opción. Conocer los detalles puede disipar algunos miedos y darte la seguridad de que estás haciendo lo correcto incluye visitas a la residencia antes de ingresar a tu familia e interesarte por los cuidados diarios, las comidas, calidad de comida, qué hacen durante el día, si tienen terapias ocupacionales.
  2. Visitas Regulares: Aconsejo que mantener una rutina de visitas puede fortalecer el afecto y cariño, y asegurarte de que tu ser querido está recibiendo el cuidado adecuado. Verlos contentos o al menos cómodos en su nuevo entorno puede proporcionarte tranquilidad. Además, te aconsejo en contra de opiniones que argumentan que los primeros días no hay que visitar a tu familiar, porque puede ser dañino, y se siente como un niño abandonado, en esos primeros días cuando tiene que estar más contigo familiar para que sienta que la transición es menos dura y sepa que estás con él, aún cuando se encuentre en fases de demencia muy avanzadas sienten nuestra presencia y apoyo y es cuando más nos necesitan.
  3. Apoyo Emocional: Unirse a grupos de apoyo que pueden existir en el mismo centro residencial o buscar asesoramiento terapéutico puede ser de gran ayuda. Compartir experiencias con personas en situaciones similares puede ofrecer consuelo y nuevas perspectivas.
  4. Celebrar los Buenos Momentos: Aprovecha las visitas para crear recuerdos positivos con tu ser querido. Estos momentos pueden ser una fuente de alegría tanto para ti como para ellos y reforzar la percepción de que están llevando una vida plena y digna.
  5. Aceptar los Sentimientos: Permitirte sentir y expresar tristeza, frustración y culpa es fundamental. Estos sentimientos son normales y validan tu profundo cuidado y amor por tu familiar. Aceptar la culpa como parte del proceso expresa que compartir tus sentimientos con otros que están en situaciones similares puede ayudar a manejar la culpa. “Hablar con otras personas sobre esto, ser abierto y honesto sobre cómo te sientes.”
  6. Reflexión Personal: Darte tiempo para reflexionar sobre la decisión puede ayudarte a internalizar y aceptar que fue la más adecuada dadas las circunstancias.
  7. Realiza un Balance Racional: Analiza objetivamente la situación y evalúa si realmente estás haciendo lo mejor para tu ser querido. Si sus necesidades de cuidado, sociales y emocionales se cumplen mejor en una residencia, has tomado la mejor decisión posible.
  8. Cuidar de Ti Mismo: No olvides que cuidar de un ser querido puede ser una tarea a tiempo completo y puede afectar negativamente tu bienestar. Permítete disfrutar de tu tiempo libre y recuerda que es importante cuidar de ti mismo. Aceptar la culpa como parte del proceso.
  9. Aceptar la Culpa como Parte del Proceso: La culpa es una respuesta emocional común ante decisiones difíciles. Reconocerla como tal te permite procesarla adecuadamente, buscando apoyo y validación en tu entorno, lo cual facilita la toma de decisiones más claras y enfocadas en el bienestar de tu familiar.

Además, es importante destacar los esfuerzos actuales por mejorar las políticas de cuidado, como las iniciativas de la Equality and Human Rights Commission, de Reino Unido, que buscan garantizar que las personas mayores y discapacitadas puedan elegir vivir de manera independiente y como parte de la comunidad, evitando el aislamiento y la pérdida de control sobre su propio cuidado. Estas medidas buscan reforzar los derechos y la dignidad de los ancianos, asegurando que la decisión de ingresar a una residencia sea más justa y considerada.

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En la vida, a menudo enfrentamos decisiones difíciles, y una de las más complicadas puede ser decidir ingresar a un ser querido en una residencia de ancianos. Este paso puede ser emocionalmente desafiante, pero es importante entender que no es un acto de abandono; es una decisión de cuidado y amor, que busca asegurar el bienestar de nuestro familiar cuando ya no podemos proporcionar todo el cuidado que necesita en casa.

Es fundamental mantener una comunicación clara y directa con nuestro ser querido sobre por qué se está tomando esta decisión. Visitarlo regularmente y mantenerse en contacto ayuda a preservar fuertes lazos familiares y a manejar cualquier sentimiento de culpa que pueda surgir. Además, es clave buscar apoyo emocional para nosotros mismos. No estamos solos; muchos han pasado por la misma situación y pueden ofrecer apoyo y comprensión.

También es crucial cuidar nuestra propia salud física y mental. Si estamos bien, podremos ser un mejor apoyo para nuestro ser querido. Elegir una residencia de ancianos es, en muchos casos, la mejor opción para garantizar que reciban la atención y los cuidados especializados que necesitan.

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