La Vida Como Si No Fuéramos Mortales

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¿Qué nos hace felices? ¿Qué nos apasiona? ¿Qué queremos conseguir? Una vez que sepamos lo que queremos, podemos empezar a dar pasos para conseguirlo.

No es fácil vivir nuestra propia vida. Requiere esfuerzo y dedicación.

La vida es un don precioso, pero también es efímera. Todos sabemos que vamos a morir, pero a menudo parece que lo olvidamos. Nos enfrentamos a cada día como si no fuéramos mortales, y esto puede tener consecuencias negativas.

Cuando vivimos como si fuéramos inmortales, nos centramos en el futuro. Estamos siempre pensando en lo que tenemos que hacer, en lo que tenemos que conseguir. Esto nos lleva a vivir en un estado de estrés y ansiedad, siempre preocupados por lo que pueda pasar.

También nos lleva a perder el momento presente. Estamos tan ocupados pensando en el futuro que no nos damos cuenta de lo que está pasando aquí y ahora. Nos pasamos la vida corriendo de un lado a otro, sin disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

Aquí, las enseñanzas de Byung-Chul Han sobre la vida contemplativa cobran gran relevancia. Han argumenta que, en la sociedad moderna, estamos atrapados en un ciclo de hiperconsumo y sobreestimulación que nos lleva a un «mal vivir». Según Han, hemos perdido la capacidad de contemplar, de estar en silencio con nosotros mismos, lo que es esencial para una vida plena y significativa. Nos hemos alejado de una existencia en la que apreciamos la belleza y la tranquilidad, centrando nuestra atención en la acumulación y la eficiencia.

En este contexto, se hace evidente cómo hemos descuidado las bases de la pirámide de Maslow. Ahora que hemos alcanzado la cúspide, en la búsqueda de la autorrealización, nos damos cuenta de que la base flaquea. Hemos olvidado los fundamentos de nuestras necesidades básicas. Dormimos menos y peor, disfrutamos menos de la comida en un mundo donde todo parece prohibido y peligroso para la salud. Además, el número de relaciones sexuales y la satisfacción con ellas disminuyen a un nivel cada vez más bajo y penoso.

Por supuesto, es importante planificar el futuro y tener metas. Pero también es importante vivir el presente. Debemos aprender a apreciar cada momento, a disfrutar de las pequeñas cosas.

Una forma de hacerlo es practicar la gratitud. Todos los días, toma un momento para pensar en las cosas buenas que tienes en tu vida. Agradece a las personas que te quieren, a las cosas que te hacen feliz.

También es importante aprender a relajarte. Dedica tiempo cada día a hacer algo que te guste, algo que te ayude a desconectar del mundo. Esto te ayudará a reducir el estrés y a centrarte en el presente.

Por último, recuerda que la vida es corta. No la desperdicies viviendo como si no fueras mortal. Aprovecha cada momento, disfruta de la vida.

No vivas la vida de otros, vive la tuya

Una forma de vivir el presente es centrarnos en nosotros mismos, en nuestras propias necesidades y deseos. Demasiadas veces nos dejamos llevar por las expectativas de los demás, por lo que creen que debemos hacer o ser. Esto nos lleva a vivir una vida que no es la nuestra, a perdernos en las metas y sueños de otros.

Para vivir nuestra propia vida, debemos aprender a escucharnos a nosotros mismos.

Es la única forma de ser verdaderamente felices y de reconectar con la esencia de nuestro ser, una lección esencial de la filosofía de Byung-Chul Han. La vida contemplativa, según Han, nos invita a redescubrir el arte de la reflexión y la tranquilidad, alejándonos de la perpetua distracción y el ruido de la sociedad moderna.

Algunos consejos para vivir tu propia vida de manera más contemplativa y auténtica:

  • Dedica tiempo a la reflexión y la meditación. Estos momentos de quietud y contemplación son fundamentales para entender nuestras verdaderas necesidades y deseos.
  • Valora las experiencias por encima de las posesiones. En lugar de buscar la satisfacción en lo material, encuentra alegría en las experiencias y en las conexiones humanas.
  • Aprende a estar solo. La soledad no debe ser temida, sino abrazada como una oportunidad para el crecimiento personal y la introspección.
  • Reduce la sobrecarga de estímulos. Limita el consumo de medios digitales y la exposición constante a las redes sociales, que a menudo alimentan la insatisfacción y la comparación.
  • Cultiva la apreciación por lo simple. Encuentra belleza en las pequeñas cosas de la vida y practica la gratitud diariamente.

Al integrar estos principios en nuestra vida diaria, podemos comenzar a corregir el «mal vivir» del que habla Han. Al hacerlo, no solo mejoramos nuestra calidad de vida, sino que también fomentamos una existencia más auténtica y satisfactoria.

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